La autocrítica necesaria a Iván Duque.
Este es el momento de hacer una autocrítica, considero yo una necesaria, a las últimas acciones que ha venido realizando Iván Duque con un año y medio siendo Presidente de Colombia. (Cabe aclarar que cuando llegue el 7 de agosto, haré una evaluación de sus dos años, como lo hice en mi Twitter cuando cumplió el primer año, el año pasado). Es como un matrimonio (y permítanme hacer esta analogía), que comienza muy idílico, muy bello y todo color de rosas en la "luna de miel", pero cuando uno se da cuenta de como la persona realmente es dentro de uno o dos años, se viene abajo (no en todos los casos es así claro está), así mismo lo han visto más de 10 millones de personas que eligieron a Iván Duque como presidente. Si había un ambiente de esperanza, o por lo menos así uno lo veía, cuando Juan Manuel Santos dejó la presidencia el 7 de agosto del 2018, y entraba Duque, porque Santos fue nefasto para Colombia, y los "acuerdos de rendición" con las FARC es una clara muestra de ello, junto con muchas cosas, entre ellas la rampante mermelada, y se pensó que con Duque iba a ser diferente, que esta vez, si se iba a llevar a cabo como lo prometió en la campaña, "ser duro contra el comunismo, hacer la reforma a la justicia, derogar la JEP y acabar con un acuerdo desigual para Colombia", porque ¿quién podría dudar de "el que eligió Uribe"?.
Pero sé a donde eso lleva, y precisamente fue Santos quién sentó ese precedente, porque en el 2010, se hizo elegir con los votos del "uribismo", y no dejaba de decir que él "iba a continuar con lo que dejó Uribe", que "de la seguridad democrática vamos hacia la prosperidad democrática" y todos sabemos en que terminó eso: 8 años nefastos. Luego vino Duque, el segundo hombre. Desde que comenzó su mandato, estuve pendiente de todos los detalles, de las buenas cosas que hacía y de las malas, pero últimamente, se han confirmado las sospechas o, más bién, la intuición que yo tenía con respecto a Duque, y de ahí, esta autocrítica. Lo que sorprende a muchos, es la tibieza que tiene el Presidente para resolver cada asunto importante, sobre todo con el desastre que supuso el "paro estudiantil" de 2018 - 2019. La izquierda quiere derrocarlo a como dé lugar, pero a Duque no le preocupa eso. Eso en primer lugar. En el segundo lugar, la omisión con respecto a lo ocurrido en Santa Marta, en el que los mandatarios regionales del departamento colombiano del Magdalena, quisieron firmar un convenio con el Embajador de Cuba en Colombia, un embajador del régimen comunista cubano, en base a "acuerdos en materia de salud, educación y deportes". Eso suena bonito para el que no sabe de eso, pero lo que se esconde allí es muy grave. Un alcalde o gobernador no puede pasarse por el arco del triunfo al Congreso y al Presidente en esa materia, porque eso está establecido en el artículo 150 de la Constitución Política de Colombia donde, entre las atribuciones del Congreso está y cito: "Artículo 150: - 16 : Aprobar o improbar los tratados que el Gobierno celebre con otros
Estados o con entidades de derecho internacional. Por medio de dichos
tratados podrá el Estado, sobre bases de equidad, reciprocidad y
conveniencia nacional, transferir parcialmente determinadas atribuciones
a organismos internacionales, que tengan por objeto promover o
consolidar la integración económica con otros Estados". Hubiera sido significativo que el Presidente hubiera escrito una nota de protesta con respecto a ello, donde se reivindique la soberanía nacional y la independencia de Colombia, rechazando ese acto que está en contra de las leyes, pero no hizo nada, ni lo veo rompiendo relaciones diplomáticas con el régimen comunista cubano, no lo hizo Uribe cuando fue presidente, menos lo hará Duque.
En tercer y último lugar, están los nombramientos de los que han sido partidarios de Santos y de la centro-izquierda en el gabinete. Todos, desde uribistas hasta conservadores, paleolibertarios, los de derecha, todos sin excepción, rechazaron que Duque hiciera esos nombramientos, más que todo los uribistas porque le exigían a Duque, y con toda razón que "nombrara a los del equipo y que rompiera con los mamertos". Pareciera entendible que como el Presidente es Duque, puede nombrar a quién se le dé la gana, pero esto es como una puñalada trapera por la espalda. No obstante, la cereza sobre el pastel, fue cuando Duque designó como directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar a Lina María Arbeláez, de quién se supo pronto, que ella había sido una de las que clamaba por la legalización del aborto años atrás. ¿Se puede aceptar que una persona que está a favor del asesinato de seres humanos, que lo dijo en su momento, esté a cargo del Bienestar Familiar?. Ella, para mi, sería la pareja perfecta de Garavito ¿no creen?.
Todos estamos de alguna manera, extrañados, indignados, y tenemos nuestro derecho a sentirnos así. No podemos pretender que todo está bién, como lo hacen los "duquistas", de que el "presidente está haciendo las cosas bién, que el no debe estar pendiente a las tonterías, no lo critiquen tanto". Recuerdo que una vez, en Twitter me llegaron a decir cuando dije que porque no se derogó la JEP o algo relacionado con las Cortes y me respondió uno diciendo: "¿Pretendes que Duque sea un dictador? El debe actuar en el marco de la ley". Por supuesto que debe respetar la ley, pero Duque solo "acató" los fallos de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte Constitucional. Eso lo llaman "ser un demócrata", pero se tiene que actuar usando todos los mecanismos constitucionales para cumplir con las demandas que los ciudadanos han exigido a Duque que hiciera cuando fue elegido, y no solamente acatar las órdenes de la rama judicial, y menos sabiendo como está la justicia parcializada con la izquierda.
Lo importante es tener en cuenta, las cosas buenas que realice Duque así como los errores que cometa. No se trata de criticar por criticar como piensan algunos, sino de ser autocríticos, y si en una sociedad democrática no somos autocríticos, entonces seguiremos engañados pensando que todo va bién y que no pasa nada malo. Es importante revisar nuestras acciones y señalar con imparcialidad, que es lo que se ha hecho bién y que se ha hecho mal, porque así, uno crece y aprende de los errores y trata de no volver a cometer los mismos errores. Aconsejo siempre a los que me siguen en Twitter o en cualquier otra red donde este servidor esté, que no se dejen llevar por lo que diga yo, o Mengano, o Sultano, o Fulanito, porque al final es sólo eso: una opinión. Siempre traten de estar pendientes, de investigar, de leer, analizar y sólo así podrán llegar a sus propias conclusiones. Respeto a las personas que piensan contrario a mi, porque están en su derecho de decirlo, pero recuerden que es muy importante tener sindéresis y tener una buena capacidad para analizar todo y de llegar a una conclusión propia.
Como lo he dicho, sólo apoyaré a Duque siempre y cuándo haga las cosas bién, y cuando haga las cosas mal hay que hacer una crítica constructiva nunca destructiva, porque, de hacer lo contrario, me convertiría en un fanático político, algo que no soy y nunca seré.

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