Los estragos que causa el mesianismo político.


Ya tú los conoces.  Los has conocido en plena época electoral.  Son políticos cargados de una inmensa retórica que atrae al más incauto, y ése lo convence de que vote por él o por ella.  Así es el proceso electoral, y de ahí comienza el problema más grande que el ciudadano tiene actualmente dentro de la sociedad: el mesianismo político.  Independientemente de la situación de un país, la gente, por necesidad, por ímpetu o simplemente para darle al político que incumplió una lección, vota por el líder populista que les promete villas y castillos pero que al final, sólo eso queda en ilusiones y el que lo votó queda "desamparado y deprimido".   La retórica que se maneja es tan absorbente, que la gente, incluso sin conocer al político, lo defiende como si fuera un familiar suyo, ocasionando que la familia y las amistades se separen, porque el individuo no quiere reconocer que su político preferido ha cometido errores, sino que todo lo ve perfecto.

La palabra "mesías" tiene su origen en la religión, específicamente la religión católica, cuando se hace mención de Jesucristo como "el que redimió al mundo de nuestros pecados, y es el salvador de la humanidad, el hijo de Dios que vino a salvar al mundo."  En ese concepto, así ven algunas personas a los políticos.  Para esas personas fanatizadas, todo es perfecto, el líder nunca se equivoca, y si comete errores, intentan justificar cada acción que su político preferido hace.  Esas actitudes las podemos encontrar en cada país del mundo, en cada continente, y América Latina no es la excepción: porque en América Latina, todos los políticos son vistos como una especie de "salvadores",  o como dicen en el dialecto popular : "Fulanito es el que nos va a sacar de este atolladero, él es quién salvará al país de todos los problemas causados por la generación anterior de políticos".  La verdad es que todo eso está alejado de la realidad.  Porque ellos, los políticos, sólo quieren que votes por ellos, pero, ese tipo de políticos, (los populistas), a ellos no le interesas tú en absoluto, ni siquiera les interesa el país, porque solo quieren llegar al cargo.

A raiz de eso, mucha gente termina creyéndole hasta el "Padre Nuestro" a los políticos, que, sin saberlo, los ponen en un pedestal, cual beatificación de un nuevo santo,  y de ahí no lo bajan.  Para ellos dejaron de ser simples servidores públicos a ser "los dioses", "el hombre que va a componer la situación", como unos suelen decir por allí.  Un claro ejemplo del "mesianismo político" fue Chávez en Venezuela.  Populista a más no poder, él empleó una retórica, aunado al poder de convencimiento, que hicieron que los pobres se sintieran identificados con su discurso, y por ende, votarlo a él, como se hizo en 1998.  De ahí en adelante, se fue destruyendo al país, y los pobres haciéndole caso al nuevo tirano que se estrenaba en el poder.  Actualmente, el mesianismo político sigue siendo dando de que hablar en Latinoamérica, y últimamente se ve ese caso con el interino eterno que ni siquiera ha asumido de facto en Venezuela, Juan Guaidó.  Se empleó la misma táctica propagandista, con el mismo resultado: gente que no utiliza la razón ni lógica alguna , lo pusieron a él en el pedestal imaginario, donde lo adulan y le perdonan todos los errores, tratando de justificar esa acción.

Si nosotros queremos avanzar, el ciudadano debe tomar conciencia y decir: "una cosa es que votemos por tí, pero queremos saber en verdad ¿vas a trabajar para el país o vas a trabajar para tí mismo?".  El ciudadano consciente debe ser crítico y dejar de ensalzar a los políticos que se las dan de santos, de impolutos, cuando en verdad están manchados.  El político debe ser un servidor público, no un líder mesíanico en el que se deposita, inutilmente, las esperanzas de los ciudadanos.  Así es como se debe forjar la cultura ciudadana en un país!

Si tan sólo la población entendiera eso, la historia sería distinta, y nuestros paises no fueran un antro de locura y corrupción, si no un ejemplo de democracia sólida y que le den ejemplo al mundo, pero para llegar a esa ansiada meta, se debe trabajar desde ya, cultivando esos mismos valores y principios de moralidad al ciudadano: el político no es tu dios, es tu empleado, y tú, como empleador decides, en virtud de la gestión que haga, si puede seguir trabajando o echarlo del puesto.  Si no se lleva a cabo, esa reestructuración profunda, de sacar el mesianismo de la psiquis del ciudadano promedio, seguirá causando estragos y polarizando aun más a la población, y la figura del "caudillo" no tendría fin.

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