4 años de caos, desorden e incertidumbre. Resumen de los 4 años de Gustavo Petro como Presidente de Colombia (2022-2026)
Desde el 7 de agosto del 2022 hasta el próximo 7 de agosto del 2026, que será dentro de dos dias específicamente hablando, duró los cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, cuyo mandato al frente de Colombia dejó muchísimo que desear: su característico modo de trabajar (que hasta para esa lección llegó tarde en la vida), sus constantes ausencias en reuniones con autoridades nacionales y civiles, sus escritos inverosímiles, alejados de la realidad que ha escrito en su cuenta de X después de tomarse sus dotes de café, que, personalmente creo que le sirven de otro tipo de café (y no precisamente uno descafeinado). El -ya pronto- ex-presidente de Colombia termina su mandato creyéndose una figura indispensable para la historia, esto producto de su egoísmo y megalomanía que es del tamaño de la Vía Láctea.
Pero bueno, no hablaré sobre el personaje en cuestión y sus actitudes que muchos ciudadanos en Colombia conocen, han visto y que otros, como sus simpatizantes, desconocen o, simplemente, han hecho un "mutis selectivo", se hablará más bien de lo que deja su nefasto gobierno. La Colombia que "el último Aureliano Buendía de la historia" como se hace llamar deja, es una Colombia plagada de muchas cosas: crisis de orden público en varios departamentos del país, especialmente el departamento de Cauca y demás departamentos que controlan a sus anchas los grupos insurgentes del conflicto armado colombiano como las disidencias de las FARC, el ELN y otros grupos del mismo estilo (y eso que decía que Colombia era la "potencia mundial de la vida"), el sistema de salud convertido en un desastre, tanto así que muchas personas que tenían citas agendadas fueron reprogramadas y empezó a haber escasez de medicamentos (tal como sucedió en mi país de origen Venezuela), las intervenciones del Estado en el área de salud y en el área de electricidad con el propósito de, según lo ha afirmado, "tratar de reducir los costos de la factura de luz en la Costa Caribe", región donde el calor es abundante, por no decir, apabullante y los recibos de los hogares son caros.
También, la Colombia que deja Petro, no es una Colombia idílica donde mariposas amarillas revolotean por los aires y todo queda impregnado del realismo mágico macondiano que evocó el difunto escritor Gabriel García Márquez en "Cien Años de Soledad", es una Colombia que, de haber continuado el proyecto socialista con el actual senador Iván Cepeda, quién fue el candidato al que el -ya pronto- ex-presidente apoyó en las elecciones donde salió elegido el próximo presidente de Colombia Abelardo de la Espriella, se hubiera precipitado hacia el abismo. Hasta el final de su mandato, Petro sigue insistiendo en su teoría que "hubo fraude" en las elecciones pasadas y que quién ganó fue Iván Cepeda, denotando que, como siempre lo ha hecho la ultraizquierda: solo existe la democracia cuando ellos ganan, pero cuando ellos pierden, entonces dicen que todo fue una conspiración urdida por Estados Unidos, Israel y todas las barbaridades que suelen decir; lo que sí es curioso, es que Petro ha hecho innumerables acusaciones con el fin de desprestigiar a la Registraduría Nacional del Estado Civil y al Consejo Nacional Electoral, precisamente los mismos que organizaron las elecciones en el caso del primero y en el caso del segundo, quienes certificaron su elección como presidente hace cuatro años cuando derrotó al difunto Rodolfo Hernández, es decir, el que ganó por el mismo sistema electoral, cuatro años después con la victoria del candidato de la oposición, automáticamente dicho sistema está en tela de duda y que "su software fue alterado para que ganara Abelardo", además de que supuestamente "hubo reuniones para acordar que ganara Abelardo", en fin, puros disparates sin sentido que no están fundamentados con pruebas concretas que no son perceptibles, pataletas de ahogado desde que perdió el ex-candidato presidencial y actual senador del Pacto Histórico, Iván Cepeda.
A lo largo de estos cuatro años (2022-2026), los simpatizantes de Petro que decían que le iban a hacer control político y que no iban a actuar como un culto, terminaron siendo los feligreses entusiastas de la religión socialista petrista, al punto de que, cuando surgieron los innumerables escándalos que salpicaron al actual gobierno saliente, todos quedaron como Shakira "ciegos y sordomudos": el escandalo de la niñera de Laura Sarabia, del ministro del interior Armando Benedetti, lo de la UNGRD, lo de Olmedo López, el caso de la violación de la financiación de los topes de campaña de Petro cuando fue elegido en las elecciones presidenciales del 2022 por la que nadie hizo nada, cuando muchos ciudadanos pedían que se aplicara la Constitución Política, misma que han pretendido derogar por medio de llamados a una Asamblea Nacional Constituyente, querían reformar la Constitución para derogar el artículo 109 de la carta magna colombiana (que a la larga no pudieron), el escándalo de las hermanas Guerrero, etcétera. He dicho mil veces en mi cuenta de X que Petro en este gobierno, terminó superando en escándalos al gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) quien lidió con el famoso proceso 8.000 y otros escándalos de la época, pero con todo lo que ha hecho Aureliano, ya quedó en la historia como el peor presidente de Colombia en su historia contemporánea, por ende, ello hace que los gobiernos de Samper y Andrés Pastrana sean vistos como "decentes" comparado con el despilfarro de Petro.
Hablando de despilfarro, cuando llegó a la presidencia el 7 de agosto del 2022, Gustavo Petro en su discurso inaugural habló de que "Duque dejó la olla raspada", pero no dijo lo mismo al permitir la creación del Ministerio de la Igualdad y tampoco dijo con lo mismo con todos los tratamientos que ha tenido su familia, como si Petro fuera un jeque árabe, pero en su caso particular, él vendría siendo un jeque de TEMU (a buen entendedor, pocas palabras). En todo su gobierno casi no ejecutó nada, ni siquiera el famoso tren interoceánico que comunica a Buenaventura con Barranquilla, las cien universidades que prometió construir, que quedaron así como los 1.000 jardines infantiles cuando fue alcalde de Bogotá, de los cuales se construyeron solo 10, todos fueron puros cuentos de camino, en pocas palabras, ¡puro embuste!. Pero sus simpatizantes decían "una cosa es Petro cuando fue alcalde y otra cosa es Petro cuando sea presidente" como si eso significara que actuaría de manera distinta porque el cargo era más importante: llegó al más alto cargo del país y fue exactamente lo mismo.
Antes de las elecciones presidenciales del 2022, cuando Petro y su séquito participaron en las primarias, muchas personas tanto de izquierda (y algunos de derecha, todavía no lo entiendo), votaron por Francia Márquez para "quitar a Petro", cosa que fracasó estrepitosamente. Como era de esperarse, Petro utilizó a Francia Márquez como cuota de la minoría, por ser afrocolombiana y por ello llegó a ser la primera vicepresidente afrodescendiente de Colombia, creyendo que con eso, se iba a hacer historia, pero las viajadas en helicóptero, los silencios incómodos y los viajes realizados, y el hecho de que fue la primera que ejerció como titular del antiguo Ministerio de la Igualdad, hizo que, con el paso del tiempo, se perdiera la credibilidad, y por eso, la ultraizquierda siempre ha utilizado y usará a las minorías de manera simbólica, despreciando las aptitudes y capacidades de una persona que pueden brillar indistintamente de su raza, sexo, credo, creencias, posturas políticas y filosóficas que, a mi juicio, es lo que verdaderamente importa.
Pienso que todo este gobierno de Petro fue como la reproducción en escala pequeña de tanto lo que ha ocurrido en Venezuela en casi tres décadas de socialismo chavista y en Argentina durante los dos décadas en que ha estado el kirchnerismo en el poder.
El 7 de agosto próximo, es decir, dentro de 24 horas que estoy terminando de escribir estas líneas, tomará posesión del cargo el nuevo presidente de Colombia Abelardo de la Espriella, y a este servidor le corresponderá escribir al respecto pero cuando haya terminado la ceremonia que cada cuatro años debe ocurrir en Colombia. Al final, Gustavo Petro dentro de algunos años, si es que no regresa la izquierda al poder nuevamente en Colombia, debe ser recordado como lo que terminaron siendo los peores presidentes de la historia del país: un mal recuerdo, y terminará triste y compungido porque sabe que no puede aspirar a ser "Emperador del Mundo" porque ese cargo no existe y nunca existirá, pero si existiera, ya Petro se estaría postulando para sacar a pasear su personalidad ególatra. Petro deja a Colombia en un escenario de incertidumbre y desorden, en un lodazal gigantesco de corrupción y violencia que ha impregnado a Colombia retrotrayéndola a la época de violencia de los años 80 y 90 del siglo XX, incluso con el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay el año pasado, que si quieren leerlo, se los dejaré por acá y toca esperar a que su sucesor pueda arreglar lo que este gobierno ha torcido hasta decir no más, pero nos veremos mañana 7 de agosto para comentar lo que será la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia Abelardo de la Espriella y, nuevamente, manifestar la opinión que siempre he tenido y que la he expresado en X.
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